EL
GAS DE LA LAMENTACIÓN
Las formas de diversión de la
juventud han sido criticadas por las generaciones anteriores desde que el mundo
es mundo y, me atrevo a decir, casi de manera sistemática. No es raro escuchar
en cualquier foro cosas como “…pues en mis
tiempos, nos arreglábamos con… (lo que fuese)… y lo pasábamos estupendamente”
o aquello de “…a mí, cuando era joven, mi
padre…”. Los tiempos van cambiando, avanzando si se prefiere, y con ellos,
la Sociedad y sus formas de diversión. Con esto hay que contar y por eso, ante
las nuevas formas de ocio, la palabra clave es TOLERANCIA…con todo menos con
aquello que afecte a las personas, a su salud física y/o psíquica.
Recientemente ha sido noticia una de
estas formas de entretenimiento: el consumo del gas de la risa. Quiero ser bien pensado (a pesar de, probablemente,
equivocarme) y creer que la juventud que tiene a bien el consumo de esta
sustancia NO CONOCE las consecuencias para el organismo de su inhalación, a
parte del buscado efecto hilarante y eufórico.
Por mi profesión, conozco
sobradamente las propiedades de esta molécula y sus efectos…los deseables y los
indeseables. El gas de la risa es el nombre que se da al óxido de nitrógeno (N2O) (también llamado óxido de dinitrógeno, protóxido de nitrógeno o anhídrido hiponitroso). Se trata de un
gas incoloro y de olor dulce. En la actualidad se usa en el mundo de la
Medicina, y más concretamente en la Anestesiología, como gas anestésico coadyuvante
por sus propiedades analgésicas y sedativas (en determinadas proporciones), en
la anestesia general o en la sedación consciente para procedimientos odontológicos
o en el trabajo de parto, y siempre bajo supervisión de un especialista. Hasta
aquí las “cosas buenas” de este gas. Pero también las hay malas. Por citar algunas:
aumento de la presión intracraneal, mareos, neuropatía periférica, hipotensión
arterial, arritmias cardíacas, depresión respiratoria, hipoxia, náuseas,
vómitos…y, como diría Super-ratón, “no se
vayan todavía, aún hay más”.
Con estas líneas no quiero…perdón,
rectifico…SI quiero meter el miedo en el cuerpo a los consumidores del, mal
llamado, gas de la risa. Algo aparentemente inofensivo, puede acabar trayendo
consecuencias desastrosas.
Para finalizar… ¡¡¡AVISO A
NAVEGANTES!!!... primero: la distribución de este gas (con fines “dudosos”)
constituye un delito contra la salud
pública, y segundo: consumiendo este gas, no solo te reirás, sino que te morirás de la risa.
Saludos 3.0.