ESCRIBIR
La gente tiene muchas ganas de comunicarse: experiencias, conocimientos, sentimientos. Esta exteriorización de nuestras cosas va siempre ligada a la captación por parte del que tenemos enfrente. Esto es la COMUNICACIÓN (del latín comunicare, que significa compartir), transmitir y recibir…y muchos, cada día más, lo hacen mediante la escritura.
No se si esto es nuevo o viene de lejos, si bien es verdad que, tiempo atrás, la mayoría de lo que la gente escribía se quedaba en los cajones o veía la luz en un entorno muy reducido. Hoy en día, y gracias una vez más a la tecnología, la difusión de las creaciones personales es imparable. Internet ha roto las barreras y, si su creador quiere, un texto puede dar la vuelta al mundo en cuestión de segundos.
Quien más o quien menos, ha hecho público alguno de sus pensamientos. Desde pequeñas frasecillas en las redes sociales como Facebook o Twitter, hasta largas reflexiones en la interminable lista de bitácoras digitales (también conocidas con el término inglés “blogs”). Para los menos puestos al día, las primeras equivaldrían a lo que hasta ahora era ir al supermercado o al bar de la esquina y contar tus cosas a tus conocidos (ahora llamados “seguidores”), y los segundos vendrían a ser lo que antiguamente se conocía como “diarios”, pero sin su esencia: la intimidad. Parece ser que lo verdaderamente importante en estos tiempos es que todo el mundo sepa, primero, de tu existencia, y después, de lo que haces o piensas.
La necesidad de escribir nace en el ser humano de las ganas de trascender, de dejar su impronta en el Tiempo, así como de la necesidad de compartir experiencias, como ser social que es.
La comunicación entre las personas puede llevarse a cabo de varias maneras, el habla, las señales, la música, pero quizás, la escritura sea la más especial de todas por su principal característica: LA PERDURACIÓN EN EL TIEMPO. Ya lo dijo Cayo Tito al Senado romano “Verba volant, scripta manent”, que traducido al castellano significa “las palabras vuelan, lo escrito queda”.
En mi caso, no creo que lo que yo escriba transcienda en la historia de la Humanidad. Mi única pretensión es entretenerme y distraer durante 5 minutos a aquel que se haya tomado la molestia de gastar un rato en leerlo. El caso es que me gusta escribir, aunque no lo haga del todo bien, y a veces pienso que me equivoqué de profesión. Pero de algo hay que comer, y para ganarse la vida escribiendo hay que hacerlo muy, muy bien, y comer muy, muy poco.
Para terminar como de costumbre, una frase de Mario Benedetti, en la que se refleja su pasión por la escritura: “Cuando muera, por favor, no se olviden de mi bolígrafo”.
Saludos 3.0.